Francisco Esteves
El rostro humano es un estímulo muy especial. Asociado a nuestra identidad, es también el medio por el cual expresamos nuestros sentimientos y emociones. Así, suponemos que su papel en la regulación de las relaciones sociales tuvo importancia para la supervivencia de nuestros antepasados. Por ejemplo, la capacidad de distinguir rápidamente si una persona desconocida podría ser una amenaza. La posibilidad de una detección de expresiones agresivas procesada a nivel automático, no-consciente, ha sido probada en experimentos de condicionamiento clásico, utilizando respuestas electrodermales como medida del condicionamiento. Se observó que cuando una cara enojada era asociada a un estímulo aversivo la respuesta condicionada era más fuerte que cuando el estímulo condicionado era una cara alegre, hasta en condiciones que imposibilitaban la percepción consciente de los estímulos. En dos experimentos de búsqueda visual en que utilizamos rostros esquemáticos exprimiendo diferentes expresiones faciales, se ha hallado un sesgo para la detección de caras enojadas. Así, una cara expresando ira en un conjunto de caras alegres fue detectada más rápidamente y más veces que una cara alegre en un conjunto de caras enojadas. Estos resultados están en concordancia con los sesgos de percepción encontrados en las perturbaciones de ansiedad, y con los estudios recientes sobre un procesamiento preferencial de estímulos y situaciones que pueden representar amenazas para los sujetos.
The human face is a very special stimulus. The face is associated with our identity, and it is a mean to communicate feelings and emotional states. Thus, it is assumed that the role played on the regulation of social contacts was important to the survival chances of our ancestors. For example, the ability to quickly identify threatening intentions on a first encounter with a stranger. An automatic, non-aware, processing of angry faces has been showed in a series of classical conditioning experiments, using skin conductance responses as a measure of conditioning. When an angry facial expression was associated with an aversive stimulus, the conditioned response was larger than if a happy face was used as the conditioned stimulus. This was obtained even when awareness of the conditioned faces was prevented by means of backward masking. In two visual search experiments, using schematic faces displaying different emotional expressions, a bias for a better detection of angry faces was obtained. Thus, an angry face among happy faces was detected faster and with fewer errors than a happy face among angry ones. These results are consistent with the general perception bias found in anxiety disorders, and with the studies showing priority on the processing of stimuli and situations potentially threatening to the individuals.