El comportamiento académico durante la adolescencia, tanto en el aula como en el aprendizaje autónomo, constituye un aspecto clave del proceso educativo y plantea la necesidad de estrategias pedagógicas que fortalezcan la confianza de los estudiantes en sus propias capacidades. En este contexto, la disciplina positiva se presenta como un enfoque docente orientado a promover relaciones respetuosas, apoyo socioemocional y un clima escolar favorable para el aprendizaje. El presente estudio tuvo como objetivo analizar los cambios en la autoeficacia académica de estudiantes de bachillerato tras la implementación de un programa de disciplina positiva. Se empleó un diseño preexperimental con un solo grupo y mediciones pretest-postest, aplicado a 110 estudiantes de una institución pública. El análisis de los datos incluyó la verificación del supuesto de normalidad y la aplicación de la prueba t de Student para muestras relacionadas. Los resultados evidenciaron una disminución en los niveles bajos de autoeficacia académica y un incremento en los niveles medio y alto, así como mejoras significativas en dimensiones asociadas a la competencia cognitiva, la autonomía en el aprendizaje, la gestión de las dificultades académicas y la percepción de apoyo al desempeño. Estos hallazgos sugieren que la disciplina positiva favorece una percepción más adaptativa de las capacidades académicas del alumnado y contribuye al fortalecimiento de variables psicoeducativas relevantes para el aprendizaje. En conjunto, el estudio aporta evidencia empírica sobre el potencial de la disciplina positiva como recurso pedagógico para promover el bienestar y el desarrollo académico en contextos escolares caracterizados por limitaciones estructurales.
Academic behavior during adolescence, both in the classroom and in autonomous learning, constitutes a key aspect of the educational process and highlights the need for pedagogical strategies that strengthen students’ confidence in their own abilities. In this context, positive discipline emerges as a teaching approach aimed at promoting respectful relationships, socioemotional support, and a favorable school climate for learning. The present study aimed to analyze changes in the academic self-efficacy of high school students following the implementation of a positive discipline program. A pre-experimental design with a single group and pretest–posttest measurements was used, administered to 110 students from a public institution. Data analysis included verification of the normality assumption and the application of the Student’s t-test for related samples. The results showed a decrease in low levels of academic self-efficacy and an increase in medium and high levels, as well as significant improvements in dimensions associated with cognitive competence, learning autonomy, management of academic difficulties, and perceived support for performance. These findings suggest that positive discipline promotes a more adaptive perception of students’ academic abilities and contributes to strengthening relevant psychoeducational variables for learning. Overall, the study provides empirical evidence on the potential of positive discipline as a pedagogical resource to promote well-being and academic development in school contexts characterized by structural limitations