Los trabajos que toman en cuenta el concepto mentalización (o función reflexiva) como base para el abordaje terapéutico, o como medida para evaluar los resultados de la psicoterapia, han visto incrementado su número de modo significativo en los últimos años. Por otra parte, el concepto mismo mentalización ha tenido un desarrollo considerable, tanto en lo que hace al conjunto de conocimientos a los que se refiere, como en relación al ámbito de aplicaciones que abarca.
Respecto al primer aspecto sólo cabe mencionar aquí que hoy en día la mentalización es entendida como un constructo multidimensional cuyo complejo desarrollo ha sido establecido en sus lineamientos esenciales y cuyas relaciones con la teoría del apego y las neurociencias han sido claramente establecidas.
En lo que hace a su ámbito de aplicación, podemos ver que el mismo se ha extendido considerablemente, desde su inicial focalización en el tratamiento de los pacientes borderline hasta su aplicación a una serie de dominios, que van desde la psicoeducación hasta la prevención de la violencia en las escuelas, pasando por la terapia familiar breve, el tratamiento grupal de profesionales en crisis, la terapia de parejas, etc. (Allen, Fonagy, 2006; Younger, 2006; Allen, Fonagy, Bateman, 2008).
En el presente trabajo me propongo trazar un panorama de la mentalización, de su arquitectura y funciones, como así también caracterizar algunas de sus aplicaciones prácticas, con lo cual intento brindar una perspectiva que dé cuenta de la riqueza y utilidad de este constructo.
En lo que sigue comienzo por una definición sucinta de qué es la mentalización y continúo luego describiendo su arquitectura, funciones y aplicaciones prácticas. En este trabajo, por razones de espacio, no podré explayarme sobre el desarrollo de esta función y sólo llevaré a cabo algunas referencias sobre el contexto en el que el mismo tiene lugar.