La ideología de género se apoya en una antropología de matriz dualista, que explica el significado del cuerpo y de la sexualidad desde una perspectiva meramente biofisiológica. Con ello, esta ideología niega el significado personal del cuerpo y su vocación al amor, y vacía de significado la misma masculinidad y feminidad. Juan Pablo II supera esta visión reductivista de la persona, al proponer una Teología del cuerpo que hace del cuerpo y de la sexualidad una vía privilegiada de acceso al misterio de Dios.