El trabajo enfatiza en la necesidad de admitir el carácter provisional de lo que muchas veces es presentado como verdadero. El pensamiento de Popper sirve de base para razonamientos en torno al asunto, siendo también sintetizadas algunas de las teorías fi losófi cas sobre la verdad, tanto como las ideas de Freud, Bion y Lacan al respecto.
Se afi rma que, en la práctica clínica, la aceptación de la relatividad del conocimiento es lo que evita el estancamiento del proceso y conduce a descubrimientos. Para enfrentar, como mera hipótesis, lo que se quiere considerar como verdad alcanzada, se impone admitir una castración cognitiva, la omnipresencia de la paradoja y la coexistencia de los opuestos en el inconsciente.
La concientización de la relatividad (y transitoriedad) del conocimiento obtenido, permite el progreso y la tolerancia para con las ideas de los demás y el pluralismo de teorías surge como inevitable y deseado. Se recuerda el problema de la inducción y de la vaguedad y dudas de los argumentos para defender la inducción.
Se llama la atención sobre el riesgo de la generalización en la clínica, así como el respeto por la autoridad. La autoría, los aciertos de una teoría y la repetición de determinadas creencias basadas en la combinación autor-aciertos, acaban siendo determinantes para no ser cuestionada su aceptación y facilitan su uso como dogma.
Lo que es llamado �verdad� es, antes que un descubrimiento, una creación humana. Debe ser enfrentado como una �hipótesis�, lo que abre la posibilidad de que se efectúe una crítica, un cuestionamiento. Hay, por lo tanto, un derecho a someter todas las verdades establecidas a una refutación, que sería la condición básica para el desarrollo del conocimiento.
La crítica sólo puede ser hecha si existe libertad para pensar. Sin libertad no es posible el progreso en las diversas áreas: intelectual, social y psicoanalítica.