Se relata la experiencia de una niña ciega, integrada en una escuela pública rural de Galicia, en el aprendizaje de la expresión plástica. Desde los cuatro años de edad, la alumna ha participado plenamente en actividades didácticas como el aprendizaje de los puntos de costura o el dibujo. A los cinco años realizó, sin ayuda, su primer dibujo, totalmente reconocible, completo y armonioso.
Entre los factores que han hecho posible estos resultados, además de la labor didáctica y el conjunto de actividades que se realizan, hay que destacar la madurez de la niña, bien estimulada y, sobre todo, integrada en la escuela y el vecindario, y el ambiente solidario que reina en la escuela, donde los alumnos hacen más trabajos con materiales en relieve.