Según la perspectiva psicoanalítica, el peligro es el origen tanto de la angustia, como del intento de escapar mediante las acciones adecuadas. La angustia climática se corresponde a una “angustia realista”, motivada por vivencias de desvalimiento alimentadas por la desatención del sistema al problema, y porque hace entrar en crisis la seguridad en el objeto primordial “madre naturaleza”.
Se hacen necesarios mecanismos defensivos y síntomas para tramitar la herida narcisista que abre la emergencia. Múltiples factores personales y sociales conducen según individuos y grupos a diferentes modalidades que pueden también presentarse superpuestas.
Un psicoanálisis de fronteras porosas, abierto a nuevas realidades, necesita integrar en la teoría y la clínica la problemática derivada de lo climático entre otras. En la “teorización flotante” del terapeuta tiene que caber lo relativo a la patología climática.