Sevilla, España
A pesar de la evolución de la educación especial desde modelos segregadores de orientación clínica centrados en los déficits diagnosticados hacia modelos inclusivos de orientación educativa centrados en la respuesta a las necesidades educativas detectadas, la legislación española, así como muchas de las prácticas habituales en las actuaciones de sus comunidades autónomas, parecen seguir respondiendo al modelo centrado en el déficit, supuestamente superado, aunque revestido de un lenguaje más actualizado, el de las necesidades educativas. En este trabajo se pretende argumentar esta afirmación y contribuir al análisis entre los profesionales y los legisladores implicados en la atención a la diversidad de necesidades educativas. Se propone dividir el trabajo de los orientadores que trabajan para los centros educativos; que existan por zonas geográficas los “equipos de orientación para el diagnóstico” y que se creen “equipos de orientación para la inclusión” en cada uno de los centros de Infantil, Primaria y Secundaria que trabajen para responder a las necesidades de la comunidad educativa (alumnado, docentes y familias), actuando a partir de evidencias científicas para mejorar el aprendizaje de todos los alumnos de un centro. Se trata de dos perfiles profesionales distintos que precisan de una formación diferente.
Despite the evolution of Special Education from segregative, clinically-oriented models focused on diagnosed deficits toward inclusive, educationally-oriented models centered on responding to identified educational needs, Spanish legislation ‒as well as many of the usual practices carried out by its autonomous communities‒ still appears to respond to the deficit-centered model, which is supposedly outdated, albeit now framed in more modern language: that of educational needs. This paper aims to argue this claim and contribute to the analysis among professionals and policymakers involved in addressing the diversity of educational needs. It proposes dividing the work of guidance counselors who work in educational centers. Specifically, it suggests the creation of geographically based “Diagnostic Guidance Teams,” alongside the establishment of “Inclusion Guidance Teams” within each early childhood, primary, and secondary school. These inclusion teams would work to address the needs of the educational community (students, teachers, and families) by acting on the basis of scientific evidence to improve learning for all students in a school. These are two distinct professional profiles that require different training.