Este artículo tiene como propósito establecer una discusión analítica y crítica sobre el papel de la psicología colombiana en el proceso de transición hacia la paz. Para ello, se propone una articulación entre el alcance del enfoque de derechos humanos y los valores democráticos en el quehacer profesional del psicólogo en el país. A una década de la firma de los Acuerdos de Paz de 2016, se argumenta que la convocatoria de una “paz grande” en Colombia exige, además de transformaciones institucionales, una reconfiguración cultural y subjetiva, donde la psicología puede desempeñar un rol estratégico. La tesis central sostiene que no es posible una psicología libre de juicios de valor en escenarios de posconflicto. Frente a las secuelas del conflicto armado -trauma, exclusión, desconfianza, estigmatización-, la práctica psicológica adquiere un compromiso ético y político necesario: contribuir a la dignificación de las víctimas, la reconstrucción del tejido social y la prevención de nuevas formas de violencia. En este marco, se propone que los valores democráticos -igualdad, justicia, libertad y participación-deben ser asumidos como principios rectores de la ética profesional como condiciones de legitimidad de la disciplina en contextos de transición. El artículo se inscribe en una perspectiva crítica, heredera de la psicología de la liberación latinoamericana, y plantea que la ciencia psicológica debe reconocerse como situada, valorativa y transformadora, orientada al fortalecimiento de la ciudadanía crítica y a la construcción de una cultura de paz.
The aim of this paper is to establish an analytical and critical discussion on the role of Colombian psychology in the process of transition to peace. To this end, it proposes an articulation between the scope of the human rights approach and democratic values in the professional work of psychologists in the country. A decade after the signing of the 2016 Peace Accords, it is argued that the call for a “big peace” in Colombia requires, in addition to institutional transformations, a cultural and subjective reconfiguration, where psychology can play a strategic role. The central thesis argues that a psychology free of value judgments is not possible in post-conflict scenarios. In the face of the aftermath of the armed conflict -trauma, exclusion, distrust, stigmatization-, psychological practice acquires a necessary ethical and political commitment: to contribute to the dignification of victims, the reconstruction of the social fabric and the prevention of new forms of violence. In this framework, it is proposed that democratic values -equality, justice, freedom and participation-should be assumed as guiding principles of professional ethics as conditions of legitimacy of the discipline in transitional contexts. The article is inscribed in a critical perspective, heir to Latin American liberation psychology, and proposes that psychological science should be recognized as situated, evaluative and transformative, oriented towards the strengthening of critical citizenship and the construction of a culture of peace.