Carlos Jorge Guilbe López
Los feminicidios en Puerto Rico se han convertido en un problema cada vez más alarmante en el contexto pos-COVID, revelando profundas vulnerabilidades sociales, legales y geográficas. Este artículo examina cómo la Inteligencia Geográfica (IG) puede utilizarse como una herramienta estratégica para mitigar la violencia de género, mediante la incorporación del análisis espacial en la prevención del crimen y la formulación de políticas públicas. A partir de los datos recopilados entre 2020 y 2025, se identifican patrones espaciales recurrentes y disparidades regionales en los casos de feminicidios, con concentraciones significativas en áreas urbanas como la Región Estadística Consolidada de San Juan-Bayamón. El estudio critica la respuesta gubernamental y expone las limitaciones en los métodos de recopilación y georreferenciación de datos, lo que obstaculiza intervenciones eficaces. Asimismo, enmarca el problema dentro de un contexto más amplio del Caribe, comparando las tasas de feminicidios en Puerto Rico con países vecinos y analizando cómo las políticas conservadoras y neoliberales han contribuido a erosionar los avances en equidad de género. El marco teórico integra perspectivas feministas, interseccionales y de la criminología ambiental, incluyendo la Teoría del Círculo de Canter y el modelado de terrenos de riesgo. Se aboga por un enfoque de intervención centrado en las comunidades y adaptado a las dinámicas regionales, destacando la urgencia de incluir la inteligencia geográfica tanto en el discurso académico como en las políticas institucionales.
Femicides in Puerto Rico have become an increasingly alarming issue in the post-COVID context, exposing deep social, legal, and geographic vulnerabilities. This article explores how Geographic Intelligence (GI) can be employed as a strategic tool to mitigate gender-based violence by incorporating spatial analysis into crime prevention and public policy. Drawing from data compiled between 2020 and 2025, the study identifies recurring spatial patterns and regional disparities in femicide cases across the island, with significant concentrations in urban areas such as the San Juan-Bayamón Consolidated Statistical Area. The article critiques the governmental response and highlights the limitations in data collection and georeferencing practices, which hinder effective interventions. It also frames the issue within a broader Caribbean context, comparing Puerto Rico’s femicide rates to neighboring countries and discussing how conservative and neoliberal governance contributes to the erosion of gender equity. The theoretical framework integrates feminist, intersectional, and environmental criminology perspectives, including Canter’s Circle Theory and risk terrain modeling. The findings advocate for a shift toward community-centered, regionally tailored interventions and emphasize the urgency of including geographic intelligence in both academic discourse and institutional policymaking. Ultimately, the article positions GI not merely as a mapping technique but as a critical lens through which to understand, predict, and prevent femicides in complex social terrains.